LA VERDAD ESTÁ EN NOSOTROS
Por Julio Archet
El hombre jamás se pondrá de acuerdo con
el hombre... La eterna discusión entre pueblos y gobiernos así lo demuestra. Se
está gestando una transformación trascendental en él como forma de vida. El ser
individual va a vencer al ser colectivo. La creencia puede ser la desgracia de
las mayorías y no está mal descubrir el engaño.
El hombre jamás
se pondrá de acuerdo con el hombre...
Frase “discutible” por aquellos que defienden la
discusión como única herramienta para el crecimiento personal. Y lo cierto es
que en la discusión lo único que ocurre es un intercambio egoísta de ideas que
generalmente no alcanzan el consenso necesario para que las partes en cuestión
logren la satisfacción en sus intereses personales. Y digo “intereses
personales” y doy en una tecla sumamente interesante. Porque en la discusión se
intenta superponer ideas en las ideas del otro. Raro es el caso en que
alguien tenga como objetivo llegar a un acuerdo honorable. La cuestión es vencer convenciendo. Y aquí estriba el
núcleo del error.
NO HAY QUE CONVENCER A NADIE DE NADA. Cada uno de los
componentes de esta Humanidad es un ser
único e irrepetible. Aunque sean palabras gastadas por el uso, está
demostrado que es así. Algunos de estos seres se autoerige o es erigido por
otros como su líder y conductor. Este tipo de elecciones -generalmente orígen
de estados y gobiernos- no es otra cosa que el traslado de la responsabilidad individual a manos de
otro u otros que no hacen más que intentar obtener resultados para su interés o
beneficio personal. Porque el individualismo así lo determina.
SOMOS INDIVIDUOS. Individualmente podemos tomar una
decisión grupal. Podemos adherir o no, pero grupalmente JAMAS obtendremos
beneficios individuales.
La eterna discusión entre pueblos y gobiernos así lo
demuestra. Y no quiero cometer ningún pecado que ofenda ningún interés, pero
las guerras, inquisiciones y barbaridades que la Historia de la Humanidad tiene
como antecedentes irrefutables no hacen otra cosa que reafirmar lo antedicho: mientras seamos gobernados, habrá violencia
e incomprensión.
Sólo aquellos que han decidido vivir sus
vidas en un completo estado de individualidad
colectiva, es decir, siendo “ellos mismos” en función de los otros, son
quienes han demostrado que la felicidad es posible. Que la utopía es solamente
una palabra difícil de pronunciar y escribir... Nada más que eso...
No es el momento más apropiado para hecharnos mutuas
culpas. Bien cierto es que existen seres lo suficientemente abominables como
para desplazarlos de su sitial, pero no nos corresponde a nosotros. Están allí
porque lo han querido ellos y la necedad de otros contribuyó a ese hecho. Pero
desplazarlos significaría enfrentamiento. Y enfrentamiento es sinónimo de
violencia. Y violencia es sinónimo de muerte y destrucción. ¿Más ejemplos de lo
mismo?¿Es que el hombre no ha aprendido la lección?
Se cumple... mejor dicho, se está cumpliendo un cambio
inexorable en este planeta. Lo verdaderamente necio sería no querer
verlo. La necesidad de intentar conseguir respuestas es más que evidente. Se
está gestando una transformación
trascendental en el hombre como forma de vida. Cambia su estructura
molecular. Cambia su pensamiento. Cambia su actitud frente a la vida. Ya no se
conforma con palabras. Ya no se siente pleno por el sólo hecho de adorar
figuras de yeso. Este presente demuestra que muchísimos seres humanos han
decidido por cuenta propia, no porque nadie lo haya impuesto, cambiar su patrón de vida. Y eso se constituye en
el más evidente síntoma de que “algo” está ocurriendo. Y es bueno que así sea.
Por supuesto, cada cambio trae aparejado todo tipo de
traumas. Aquellos que hayan conseguido acercarse a la paz, verán incrementado
el uso de sus cualidades paranormales (telepatía,
precognición, mediumnidad, etc.). Cuando digo “acercarse a la paz” intento
referirme a quienes han logrado interpretar fehacientemente las palabras
transmitidas de generación en generación por quienes han descendido a la
vibración carnea en la figura de maestros
iniciados. Para el Occidente, Cristo es el ejemplo. Para el Oriente, Mahoma
o Buda. Maestros de infinita sabiduría que coinciden en la esencia de su
prédica: LA INDIVIDUALIDAD ESTÁ IMPLÍCITA EN EL HOMBRE. En nosotros está Dios.
Esto se enfrenta abiertamente con lo “establecido” por las religiones.
¿Esto significa “discutir” teológicamente? ¡¡No..!!
esto significa que LA VERDAD está en
nosotros y debemos encontrarla en la paz
y quietud de la meditación. En la búsqueda
interior hallaremos lo que los maestros tanto se han preocupado en
mostrarnos: A NOSOTROS MISMOS. Y cuando esto ocurra –porque va a ocurrir-
muchos podrán entonces ayudar a otros en su camino simplemente apartándose del
camino de esos otros.
Suena a “trabalenguas”, pero pienso que es entendible.
El hecho de encontrarse a uno mismo –es
decir, conocerse- no significa haber encontrado un método eficaz para que otro
consiga algo similar. Si partimos de la base de que cada uno de nosotros es individuo, entonces no existen métodos masivos de trascendencia.
Simplemente, cada uno de nosotros deberá encontrar la fórmula individual
que cada uno de nosotros crea conveniente. Esto quita poder a quienes se consideran únicos
y exclusivos dueños de la verdad universal. Y evidentemente van a
estar dispuestos a defender su sitial de honor en este mundo. Pero, mal que les
pese, el Hombre va a nacer dentro de los
hombres. El ser individual va a vencer al ser colectivo. La masa se va a diluir y nacerán hombres
fuertes en sus convicciones porque la Sabiduría ya se está manifestando.
Niveles de
evolución.
Muchos son los niveles de evolución que
actualmente se manifiestan en el planeta. A simple vista podemos ver que no
todos los hombres se encuentran en un mismo plano evolutivo. Esto significa
sencillamente que no todos los seres humanos alcanzarán en esta etapa la
evolución en una máxima magnitud. Esto ha sucedido como constante universal por
siempre. Absurdo sería interrelacionar en un caldo evolutivo como lo es la Humanidad seres de un mismo nivel en
cuanto a su Sabiduría. Hasta sería peligroso hacerlo. Es por eso que la lógica
impone un desarrollo heterogéneo en cuanto al uso de la Sabiduría.
¿Por qué sería peligroso interrelacionar idénticos
niveles evolutivos?
La respuesta cae de madura: no existiría la necesidad de progreso individual.
Quizá sería el último escalón en una pirámide de
crecimiento espiritual. En ese último escalón se encontrarían aquellos que
hayan alcanzado idéntico nivel. ¿Y después qué? El hecho de haber llegado a una
meta, ¿qué significa?, ¿que ya todo terminó? Esto iría en contra del carácter eterno del ser. Y nuestros
Maestros –todos sin excepción- se preocuparon en resaltar el discurrir del
alma en el camino de la Eternidad.
Somos “energía” y como tal nos desenvolvemos. Lo
difícil es asumir una realidad espiritual en un mundo materialista. En eso
estriba el desafío de la Evolución. Si fuera fácil, no sería progreso. –“Lo que no cuesta, no vale” –diría un
economista-. Sin esfuerzo, ningún logro es satisfactorio. Claro que muchos
querrían más facilidades en la obtención de sus objetivos. Pero, la Ley
Universal, única fuente de Sabiduría Suprema, establece que el esfuerzo es la
garantía de seguir avanzando.
La Eternidad.
Esto es la Eternidad: AVANZAR. Siempre avanzar. Complicar algo tan sencillo
con dogmas y doctrinas es
verdaderamente absurdo, excepto que se desee obtener poder.
Pero el hombre está siendo cada vez más consciente de
que el “supuesto” poder que ostentan los poderosos no es otra cosa que la
consecuencia del poder que él mismo le ha otorgado. El voto es la forma más sencilla de explicar esto. En un sistema democrático, el pueblo elige a
quienes lo gobiernan. En otras palabras, el pueblo otorga el poder a unos pocos
para que decidan por el bien o el mal de muchos. Esto no es otra cosa que
“colgar” el mayor peso en el hilo más débil. Todo gobierno tiene una oposición
que, según dicen los entendidos en política, asegura la transparencia en los
actos e impide los excesos en el uso del poder. Excepto cuando gobierno y
oposición se ponen de acuerdo. En este caso, ¿quién controla a quién?
Lo absurdo es que el pueblo en su
conjunto desea aquello que puede transformarse en lo más perjudicial para sus
propios intereses: que gobierno y oposición se pongan de acuerdo.
Lo que suele estar en juego es el poder, o sea, la gracia de las mayorías (léase votos). Esta es
“la trampa” del sistema. Todos quieren lo mismo. Y el más hábil (con la lengua)
generalmente gana. La promesa pasa a
ser la herramienta en el convencimiento. La
creencia puede ser la desgracia de las mayorías.
Todos se empeñan en encontrar fórmulas para
asegurar los triunfos. Pero el transcurrir del tiempo va demostrando que tarde
o temprano la semilla de la discordia germina. Y surge el tronco de la
competencia por el poder, que invariablemente se escuda en la violencia y la
represión como elementos de aseguro.
Partido y
partidos.
La facciones se enfrentan, porque así lo determina el
objetivo. Es como un partido de fútbol (valga el ejemplo). Todos corren en pos
del balón y para conseguir un gol. Así se dividen las facciones (clubes de
fútbol) o partidos políticos. Y es una eterna rueda que jamás dejará de girar
mientras los objetivos sean los mismos: GOBERNAR.
¿Más ejemplos?
Insisto: la historia está plagada de ellos.
Indefectiblemente, culminan en lo mismo: GUERRA. Claro que la guerra es la
última de las etapas en el camino de la búsqueda del poder. Pero, tarde o
temprano, hace su infernal entrada en la escena de la Humanidad. Banderas,
escudos, himnos, símbolos en general de los nacionalismos son la excusa
perfecta en cuanto a la movilización de intereses colectivos ante la violencia.
Ningún ser humano, en su fuero más íntimo, puede “amar” la guerra. Solamente un
enfermo espiritual invadido por la
ambición más desmedida, puede regodearse en la sangre derramada. Ahora bien. Si
un gobierno nos arrastra a la guerra en aras de la defensa de la patria...
¿desea con esto lo mejor o lo peor para el hombre como esencia de vida?
¿Es la muerte (aunque se le agregue la
palabra “honorable”) el salvoconducto para la paz entre los pueblos?
Quien responda a esto que sí, es hora que comience a
rezar...
Nadie que haya estado cerca de la muerte y los
horrores de la guerra estaría dispuesto a repetir tan macabra fórmula de paz.
Sin embargo, muchos desalmados (seres
sin alma) siguen pregonando sobre sus eventuales ventajas.
Observemos imparcialmente cuántos desatinos se
producen en virtud de gobernar a los hombres. Esa loca carrera por el poder ha
llevado a la Humanidad al borde de la destrucción total. Ellos siguen
compitiendo por el balón del poder, o sea NOSOTROS.
¡¡NOSOTROS SOMOS EL BALÓN..!! Nos tratan a las patadas
e intentan meternos en el arco contrario, así ganan el partido...
No... No es estúpido interpretar a la política como
una competencia desleal. Hasta ahora
ningún movimiento político logró la PAZ verdadera en la Humanidad. Lo único que
consiguieron fue guerra y destrucción. Y muchas banderas deshilachadas. Y
muchas lágrimas y sufrimientos.
Piense por un instante si un ser como Cristo hubiera
admitido semejante violencia entre los hombres. Piense si EL hubiera bendecido
armas que acaban con vidas humanas, tan solo “diferenciadas” por un par de
colores impresos en una tela. Aquellos que se dicen cristianos, ¿podrían por un
instante creer que Cristo estaría de acuerdo con semejante atrocidad?
Por lo visto sí...
Porque muchos defensores del Cristianismo (hoy
Catolicismo) han utilizado y siguen utilizando la violencia como arma para
imponer el “amor” de Jesús...
¡¡Cuánto cinismo y estupidez..!! ¡¡Cuánta ignorancia
de las enseñanzas verdaderas de Jesús..!!
Bueno... no es cuestión de seguir dándose manija.. ¿Se
puede combatir a semejante cantidad de necios? Definitivamente NO.
Alguien dirá: -Entonces, ¿hay que ignorarlos? ¿Dejar
que nos maten en su afán pacifista?¿Permitir que hagan añicos el planeta en su
búsqueda de paz y justicia?
Yo le respondo: SI. Hay que ignorarlos. Hay que
olvidar lo macro y reemplazarlo por lo micro. ¿Qué quiero decir con esto?
Reemplazar el país por el barrio. Quitar de la mente el problema de la mayoría
(que nos venden los noticieros) y empezar a solucionar el problema de la
minoría que nos rodea. La GRAN solución nunca llegó. Puedo arreglar lo que
tengo al alcance de mi mano. El poder de estos individuos ambiciosos
políticamente estriba en hacernos creer que están solucionando los grandes
problemas y que sin nuestro apoyo no lo van a poder concretar. Lo cierto es que
necesitan llamar nuestra atención... y lo consiguen. Y nosotros caemos en la
trampa. Y dejamos de lado las soluciones que tenemos al alcance de la mano por
dar atención a los problemas que están fuera de nuestro alcance. Es mentira que
la unión haga la fuerza si el objetivo es dar poder a unos pocos.
No está mal descubrir el engaño. Lo que sí está mal es
seguir siendo cómplices de tal engaño. Y se es cómplice mientras se continúe
sosteniendo un sistema plagado de corrupción y egoísmo.
Las caretas se están cayendo...
Pero seamos cautos. Sólo los fuertes de espíritu
podrán enfrentar un cambio tan profundo. No todos están dispuestos a aceptar el
cambio, así que seguramente ocurrirán situaciones desagradables. Pero la luz en
el horizonte delata que el mañana está cercano y brilla con intensidad. Hacia
él algunos ya caminamos confiados.
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