EL SER HUMANO,
¿ES UN ERROR BIOLÓGICO?
Por Julio
Archet
Durante siglos, el hombre vivió en este planeta como
un componente más de la naturaleza. Se desarrolló como un ser bióticamente
integrado que respetaba y convivía con las especies vegetales y animales,
entendiendo que de su perdurabilidad dependía su propia supervivencia. Hoy, la
realidad indica que algo hicimos mal.
Ya conocemos la lógica en la
interrelación de las especies. Es hora de descubrir qué papel juega el ser
humano en esta historia. Suena un tanto disparatado,¿no? ¿Cómo
el ser humano, amo y señor del planeta, va a dudar sobre su ubicación como
especie? ¿Acaso él no está al tope de la pirámide evolutiva? De no ser así, ¿en
dónde debería entonces ubicarse?
Ante
esta perspectiva, es menester que primen la humildad y el razonamiento.
Hasta hoy se han establecido
parámetros firmes -aunque discutibles algunos- sobre la evolución de las
especies y su mutua existencia. Es
apasionante observar el ritmo de crecimiento en la Naturaleza y la sinfonía de
la Vida en desarrollo continuo. Podemos determinar sencillamente los
componentes bióticos de cualquier ecosistema. Podemos criticar su destrucción
parcial o total con absoluto conocimiento de causa... y efecto. Pero, ¿podemos
decir que formamos parte de tal orden? La respuesta golpea con fuerza de
verdad: seguimos estando fuera de la
definición de seres naturales.
Nos hemos preocupado primero y ocupado después de conocer
el entorno. Pero, nos hemos olvidado de algo: de nosotros mismos como generadores de caos.
A pesar que se han escrito kilómetros y
kilómetros de frases alegóricas a la contaminación, la destrucción del planeta
y todo lo relacionado con el fin de la vida en el planeta, parece que ha sido
un esfuerzo en vano, puesto que la cosa sigue tal cual en el rumbo fijado. Sin
pretender ser pesimistas ni nada parecido, no podemos menos que sentirnos
impotentes ante semejante desatino vital. Parecería que la especie humana fuera
un “injerto” enfermizo en este planeta cuya característica primordial es el orden
de y en las cosas. Es indiscutible que nosotros –los humanos- estamos
rompiendo dicho orden “en pedacitos” desde hace ya bastante tiempo.
Actuamos mecánica y metódicamente como
cómplices conscientes de la destrucción, pero no movemos un dedo individual ni
colectivamente.
Aquí deseo hacer un paréntesis...
Es bien sabido de la existencia de
cientos de entidades ecologistas que luchan a brazo partido contra la
insensatez humana. Es un esfuerzo digno de resaltar y de imitar. Pero –y lo
digo como ecologista- no es suficiente para cambiar el paradigma individual de
la gente. Tal vez sea útil -y el tiempo lo demostrará- como un mecanismo de
control global exclusivamente. Salvo cuando se proyectan charlas en escuelas –los chicos son quienes mejor entienden todo
esto- o se dan conferencias
especializadas en el cambio individual
-pensamiento
ecosófico- los demás objetivos siempre corresponden a una lucha dirigida a
un cambio global. Tal vez esto tenga origen en la necesidad de solucionar los
problemas ya existentes y evitar que se agraven y se pierda el control
definitivamente... Suena lógico... más bien Ecológico...
Nuestra propuesta ECOSÓFICA parte de la base de que se necesita un nuevo
frente de lucha contra la insensatez, y no es otro que la CONCIENCIA
INDIVIDUAL.
Atención... Muchos ecologistas pueden
sentirse ofendidos con esta aseveración, puesto que me dirán: “nosotros también apuntamos a la conciencia individual”. No
lo dudo, puesto que siempre se supone que estamos hablando de personas... Pero,
a donde apunto con esta teoría ecosófica
es a que si no se intenta dar herramientas para el cambio individual profundo,
ese que debe producirse en lo más interno de cada ser humano y enraizarse en su
conciencia, siempre estaremos a merced de la costumbre colectiva, esa que nos
indica que: “¿si todos lo hacen, porqué
voy a ser el único que no lo haga?”
Resumiendo: el verdadero cambio debe
venir de adentro hacia fuera y
no a la inversa, como se ha venido
haciendo hasta ahora. Por más que hagamos manifestaciones multitudinarias, lo
más probable es que una vez concluidas, los barrenderos tengan un mayor trabajo
al día siguiente.
CONCLUSIÓN: ECOSOFÍA
intenta dar las herramientas de pensamiento y acción para comenzar el verdadero
cambio, la transformación de ser humano
a ser natural, aquel que se erigirá
como protagonista del siglo que ya comienza, un ser absolutamente integrado a
la Naturaleza y respetuoso de sus leyes, leyes que serán las suyas propias.
Leyes más importantes que las del propio sistema humano que hasta hoy priorizó
vanalidades a la propia muerte del planeta.
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